Llaman a especialistas

En las obras del arroyo Poncho Verde avistaron material delica­do

Info General - 25/08/2019

Mañana lle­garía un buzo científico. El operativo de limpieza que dispuso la Municipa­lidad de Corrientes en la desembocadura del viejo arroyo Poncho Verde, en la zona del Parque Mitre, acti­vó la alarma de los especia­listas sobre los riesgos que implica remover la zona con maquinaria vial sin los resguardos elementales res­pecto del valioso material que pudiere estar sepultado en el lugar.

 

El canal, estre­cho y en otros tiempo pro­fundo, es un cofre que guar­da una parte importante de la historia de la ciudad. Algo de ello se puede observar a simple vista, aún más aho­ra con la bajante extraordi­naria del río Paraná que ha dejado el lecho del arroyo al desnudo.

 

Los entendidos temen que se barra la zona como si fuera un corredor lleno de desperdicios y en el rejun­te se pierda lo importante. Algo de eso podría suceder si las máquinas retroexca­vadoras, que la Municipa­lidad bajó al cauce, sobre­pasan el límite que se han impuesto remover primero, como piedras, escombros y chatarras.

 

Según explicó a este diario el funcionario Porfirio Aquino, el objetivo inicial es sacar el limo acu­mulado para avanzar luego en la limpieza más profun­da. El operativo lleva ape­nas unos días de trabajo.

 

La desembocadura del arroyo se parece cierta­mente a una porqueriza, hay agua servida y el olor es insoportable ahora que casi no tiene agua de río. Necesi­ta limpieza, pero no se trata de barrer sin mirar, todo lo contrario.

 

Allí estuvo el denomi­nado Puente de la Batería, centro neurálgico de la ciu­dad de Corrientes a fines del siglo 19. Por esa zona también corría un tranvía. Fue además escenario de una batalla crucial en la re­conquista de la ciudad du­rante la invasión del ejército paraguayo en la Guerra de la Triple Alianza. Segura­mente hay vestigios de más de 200 años de historia que deben ser recuperados y preservados.

 

La Comisión Nacional de Monumentos, de Lugares y Bienes Históricos, tomó co­nocimiento del riesgo laten­te y ordenó intervenir acti­vamente en el asunto. Por eso a través de las gestiones iniciadas por la delegada lo­cal, Marisol Maciel, se dis­puso la presencia de un ar­queólogo subacuático, que además es especialista en campos de batalla. Se trata de Jorge Amaru Argueso, quien es buzo profesional científico y llegaría mañana para trabajar en el lugar.

 

El lecho del arroyo Poncho Verde ahora está al aire libre como consecuencia de la extraordinaria bajante del río Paraná. Apenas dos hilos de agua (de dudosa procedencia) corren mansamente hacia el curso principal, el resto es un barrial de color oscu­ro por los restos de combustible y desperdicios que levantan un olor fétido.

 

A simple vista se ve mucha basura, botellas, plásticos en general, chatarra, lí­neas de pescar. En la orilla hay piedras de todo vo­lumen, las más grandes ofician de terraplén.

 

La arquitecta Marisol Maciel también estuvo en el lu­gar ayer y divisó “algunos pies de madera que posi­blemente sostenía el reticulado por donde pasaba el tranvía, paralelo al puente de la batería”; también encontró restos de barcos y hasta un ancla.

 

“Dimos aviso a la Comisión Nacional de Monu­mentos y enviarán arqueólogos especialistas en tareas subacuáticas”, adelantó.

 

La arquitecta Laura Weber, vocal secretaria de la Comi­sión Nacional de Monumen­tos, fue quien activó la lle­gada de los especialistas en arqueología subacuática para revisar lo que hay en la des­embocadura del arroyo Pon­cho Verde, espacio que tiene fijado un destino de negocio privado (la instalación de una marina) según una concesión que ya otorgó la gestión del intendente Eduardo Tassano.

 

Por lo pronto, el trabajo que inició la Munici­palidad tendrá supervisión de expertos. No los convo­có el Municipio, sino que se trata de una preocupación de la Comisión Nacional de Monumentos que está adver­tida del riesgo que conlleva la “limpieza” sin control. En una recorrida que la arqui­tecta Marisol Maciel, delega­da de la Comisión Nacional, hizo ayer por el lugar, detectó elementos de valor históri­co que deben ser rescatados y evaluados.

 

El funcionario Porfirio Aquino, que habló el viernes con este diario, reconoció que el sedimento depositado en el lecho del arroyo -que hoy está al descubierto- le ha quitado profundidad y aclaró que el objetivo de los trabajos es remover el limo para luego definir cómo seguir adelante.

 

Un dato importante, la profundidad del arroyo es vi­tal para que pueda funcionar la futura marina, que no es otra cosa que un amarradero de yates. Pero, en la Munici­palidad dicen que la limpieza que iniciaron no tiene nada que ver con el negocio en ciernes, que las obras forman parte del plan hídrico.

 

Como sea, ahora los tra­bajos estarán bajo la lupa de expertos en arqueología pues hay mucho patrimonio histó­rico en el lugar.

 

Hay una versión sobre la presunta refor­mulación del tiempo de concesión que firmó el intendente Eduardo Tassano. Fuentes del Concejo Deliberante deslizaron que en el Palacio de 25 de Mayo y Mendoza evaluaban bajar la concesión a 10 años, quizás 20. En el acuerdo original se le otorgó la explotación por 49 años a un grupo empresario para mon­tar una marina en el Poncho Verde.

 

Las cañerías del pluvial que no cortan nunca el chorro

 

Resulta curioso, no ha llovido en días en la ciudad, sin em­bargo los ductos del arroyo Poncho Verde no dejan de des­cargar agua en el zanjón vecino al parque Mitre. No debería, al menos no el volumen que vuelca en forma continua. Sin lluvia no tendría que desaguar, sin embargo el chorro de agua (pardusca) no cesa en ningún momento.

 

El entubamiento del viejo arroyo Poncho Verde (que reco­rre toda esa zona de la ciudad) supuestamente es parte de la red de desagüe pluvial, es decir, para sacar hacia el río el agua de lluvia que se acumula en las calles, pero sucede que aun en períodos de sequía (como el de la última semana) los caños siguen arrojando líquidos. Ayer lo pudo comprobar este diario en su recorrida por el lugar.

 

¿A qué se debe? Si es agua acumulada en las calles, ¿de dónde sale? Los especialistas que están siguiendo atenta­mente las obras en la desembocadura del Poncho Verde sospechan que se trata de líquidos cloacales. El color y el olor no dejan mucho margen de dudas. Evidentemente hay conexiones clandestinas de los desagües cloacales en la red pluvial. La zona del Parque Mitre tuvo en los últimos años un crecimiento demográfico con el boom inmobiliario.