Por Daniel Caram

Corrientes, a otra cosa

Opinión del Director - 11/10/2017

Por primera vez en dieciséis años la provincia de Corrientes no tendrá un gobernador con el apellido Colombi. Apenas eso representa el fin de una etapa, pero sería absolutamente parcial considerar que la vuelta de hoja tiene exclusivamente que ver con un nombre propio.


El resultado de estas elecciones importa además otras cuestiones que tienen que ver con lo electoral y que de paso deben abrir la puerta a un proceso de calidad institucional largamente prometido, pero absolutamente en deuda.


Es inaudito que el parto triunfante que se sirvió de este modelo electoral para consolidar un poder familiar –como en las mejoras épocas del conservadurismo del viejo Pacto Autonomista Liberal- sea ahora el que encabece el reclamo por una reforma política.


Hay que ser sanamente desconfiado para advertir que quien quiere el cambio no busque provocarlo para dar rienda suelta a la obsesión que para él representa el poder por el poder mismo. Por el contrario, la oposición debe liderar ese reclamo hacia una transición política que en la que se devuelvan derechos a los dueños de la soberanía popular.


Pero para ello hace falta democratizar la oposición. No se puede hablar de reforma con estructuras que se han enfrascado en la preservación de sus propios intereses. Al contrario de lo que representó el nacimiento del sistema democrático, la herramienta electoral constituye no el ejercicio de derechos de la base sino la consolidación de privilegios de una clase dirigente que ha dado muestras claras de que ya no ejerce la representación que invoca.


Urge un servicio al movimiento que dicen personificar. Los ejemplos de Capital, Goya, Curuzú Cuatiá, Bella Vista, por citar un ejemplo, hablan por sí solos. Si se insiste con apuntar la nave hacia la pared inevitablemente terminará estrellándose.


Finalmente ocurrió, en Capital por partida doble, y no puede dejar de verse que quienes tienen el timón en la actualidad ya no están capacitados para conducir la nave a buen puerto. Las cosas así, sólo pueden empeorar.


El partido tiene frente a sí una nueva elección el 22 de octubre. El gobierno ya planteó su desafío. Quedarse con los tres legisladores nacionales. El peronismo, le facilita las cosas. ¿Pueda esta conducción pedirle el voto a la gente para retener un cargo? Es el momento de otros gestos, no sólo de pedir el voto a quienes ya advierten que la perinola le sale siempre ganador a los mismos.


Es tiempo de plantear un sinceramiento. Sacudirse los entornos tóxicos que no sólo llevaron a los candidatos al fracaso. La cuestión de fondo no son las consecuencias individuales de quienes están en la conducción. Sino la desazón que provocan en aquellos que todavía están empecinados en no renunciar. A ellos hay que convocar, teniendo presente que muchos se han ido, que esa es la causa de las repetidas derrotas, y fundamentalmente que no es culpa de los que terminaron marchándose.


Al contrario, abrir el juego hoy darse cuenta que los mismos de siempre ya no son creíbles cuando formulan la convocatoria. Porque puertas adentro nadie puede contarnos la realidad. La vivimos. Sabemos que el negocio es achicar. Que para ellos ni la patria ni el movimiento están primero.


#VolverAcreer