Por Daniel Caram

Errores que condenan

Opinión del Director - 16/11/2016

Los reiterados hechos de inseguridad imponen una problemática que se convirtió en común en la mayoría de los centros urbanos del país, y plantearles una ‘guerra’ a los delincuentes para garantizar la seguridad en general implica una serie de puntos que –inevitablemente- no pueden evitarse.

 

Lo contrario sería caer en el drama del gatillo fácil. En la ‘maldita policía’ que todos condenamos y no necesitamos.

 

El asesinato de un joven en el barrio Pío X tras el intento de robo de su moto derivó en inmediatas reacciones policiales que intentaron minimizar los efectos negativos del caso en la consideración social.

 

Casi de inmediato, a las pocas horas, se informó sobre la detención de un muchacho de apellido Luque, con el alias de Abelito, quien supuestamente tenía frondoso prontuario, y que estuvo casi condenado desde el inicio del caso.

 

Pasaron las horas y resultó que éste joven – con algunas entradas a la Policía por delitos menores- ni siquiera tenía ese apellido, y mucho menos había sido el autor del crimen.

 

O sea: la Policía capturó a un sospechoso, a quien hasta ‘le cambió’ el apellido, implicándole directamente en la autoría del crimen.

 

Resultó que éste Luque resultó ser de apellido Gauna, a pesar de que en algunas de las tramitaciones preliminares lo llamaron Gauto.

 

Gravísimo.

 

Nada ni nadie puede condenar porque sí a otra persona. Pero esto se torna hasta peligroso cuando se comete el error –o la impericia- de equivocarse el nombre, en una maniobra que a todas luces pretendió mostrar la enorme eficiencia de la fuerza provincial, aún en el riesgo de condenar (al menos socialmente) a inocentes.

 

Este muchacho en cuestión estuvo una semana privado de su libertad. Y recién cuando compareció ante la Jueza se pudo conocer su apellido.


La historia es dura, pero real. Algunos están llorando una víctima inocente por la inseguridad, otros sufrieron la incoherencia de unos sátrapas que tenían preso a un perejil.