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Información Pública, Política: Se cumplió hoy en el Salón Amarillo de la Casa de Gobierno. La jornada Reflexiones sobre la Reforma Constitucional Provincial, con la presencia destacada del ministro de la Corte Suprema de Justicia de la Nación, doctor Eugenio Raúl Zaffaroni, y calificados panelistas.
Entre otras autoridades, estuvieron presentes el vicegobernador, doctor Rubén Pruyas; el presidente del Superior Tribunal de Justicia, doctor Eduardo Farizano; la presidenta de la Cámara de Diputados, Josefina Meabe de Mathó;los ministros de Gobierno y Justicia, doctor Walter Insaurralde; de Producción, Trabajo y Turismo, contador Alfredo Aun. Los subsecretarios General de la Gobernación, doctor Raúl Lértora; de Seguridad, licenciada Cecilia Gortari y de Derechos Humanos, Pablo Vassel; los disertantes, doctores Tomás Hutchinson y Fabio Quetglas, integrantes del Instituto de Políticas Públicas; doctor Gustavo Ferreyra (Facultad de Derecho de la UBA); representantes de entidades intermedias; constitucionalistas y profesionales vinculados con el área jurídica; entre otros. El coordinador del Consejo para la reforma de la constitución, doctor Armando Aquino Britos tuvo a su cargo la presentación de los “ilustres disertantes”, para abordar la problemática de la reforma de la constitución “desde distintos puntos de vista” y agradeció sus calificadas presencias para exponer en la jornada, que se inició pasada las 10 y fue seguida con interés por los presentes. Tomás Hutchinson El doctor Tomás Hutchinson inició la serie de disertaciones en el primer panel acerca del “Desarrollo y ambiente en la nueva Constitución de la Provincia de Corrientes”, abordando distintos aspectos, dejando traslucir su capacidad sobre el tema. En el final, y a modo de reflexión, el doctor Hutchinson consideró que no se debe pensar en poner normas muy casuísticas, “la Constitución es por mucho tiempo y entonces lo que tenemos que preservar es que si hay una Constitución, hay un pluralismo, hay principios que hay antagónicos. Hay que poner muy cosas, que sean importantes. El ambiente de hoy no va a ser dentro de 15 años; el desarrollo sostenible de hoy tampoco va a ser el mismo, entonces pocas palabras. Más o menos como lo hizo la Constitución Nacional. Pero no empezara determinar qué es lo sostenible, porque después no hay forma de reformular esto”. Dijo que el ambiente es algo muy importante. “A mí me gustan los ríos transparentes, pero si los chicos se mueren de hambre, el río transparente no sirve. Hay que hacer una conjunción de principios, principios fundamentales que después el legislador o el jurista, tanto doctrinario como en la jurisprudencia, tratará en ese momento de amalgamar la cuestión”. Agregó que la Constitución es una especie de programa para iniciar, no programa para terminar, “esta es mi experiencia no de jurista, sino de operador jurídico de 25 años de justicia y unos pocos más de profesión. Es cambiante la humanidad, es cambiante el ambiente. El derecho son las reglas de juego para solucionar esta cuestión en paz social”. Fabio Quetglas Sobre el mismo tema tuvo conceptos similares el doctor Fabio Quetglas y sostuvo que no es posible construir desarrollo exclusivamente desde una perspectiva jurídica. O sea, la construcción de un desarrollo no puede hacerse normativamente. Si dijo que hay una relación directa entre un mayor nivel de desarrollo y mayor necesidad de calidad institucional. Es decir que lo jurídico no es lo principal en el proceso de construcción del desarrollo, pero a su vez no es un proceso que sea ajeno a ello y expuso su idea de cómo enfocar el problema central a problemas menores que nos puedan llevar a operaciones más operativas. “Lo más importante para mí, si uno va a poner en el centro de la escena a la cuestión del desarrollo y el cuidado ambiental, es qué tipo de Estado tiene que tener para controlar las normas que va a construir. Si uno tiene un Estado desjerarquizado, débil, sin recursos fiscales, las normas no serán operativas y esta es una discusión interesante. No es la discusión acerca de si vamos a incorporar o no el cuidado del ambiente, sino cómo vamos a financiar el cuidado del ambiente. Cuando nosotros decidimos que en tantos millones de hectáreas no vamos a producir tal cosa, nos estamos de alguna manera limitando, restringiendo como sociedad una serie de posibilidades y esa restricción tiene un costo. Y quizás una reflexión interesante, que en muchos países se dan, en cómo se financian costos de no utilizar determinados recursos o de utilizarlos limitadamente”, dijo. Quetglas indicó que la segunda cuestión es el impacto social de no uso de los recursos y en este aspecto sostuvo que tienen, por el estado del debate actual en la sociedad correntina, “una visión acerca de la sustentabilidad o no sustentabilidad ambiental de ciertas actividades. Lo cierto es que cualquier actividad humana mal concebida es insustentable”. Por lo que expresó que el verdadero debate desarrollista sale del eje sí – no y se introduce en el eje cómo desarrollo la actividad y que tipo de Estado tengo para controlarla. Y en esta cuestión brindó el ejemplo del país líder en el mundo con empresas celulósicas, con un contralor adecuado. Bajo esas normas, Finlandia es líder en calidad ambiental y puede darse el lujo de tener una actividad económica que da empleo y calidad de vida. Bajo otro contexto económico y de organización estatal eso no sería posible. El doctor puso de relieve que en el caso de Argentina, se necesitan normas no sólo para garantizar los derechos ciudadanos en materia de vivir en un ambiente sano. “También necesitamos normas porque el desarrollo mercadista de actividades riesgosas para el ambiente, generan otros efectos perversos en términos de concentración económica, de competencia desleal, de apropiación privada de beneficios que deberían ser sociales”. La Argentina precisa darse un debate ambiental más amplio al que se da al día de hoy. Debería exceder lo que fue el emergente social Gualeguaychú, problema de las papeleras, etc.; es como concebimos, pensamos y resolvemos un Estado que pueda controlar la política ambiental. Está probado que el desarrollo no sólo no va en detrimento del ambiente, sino que los países que mejor controlan su preservación ambiental son los desarrollados.-
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